
Cada persona ha de seguir su camino, su propia senda y destino. Y en esta vida, a veces hay caminos que se cruzan y que durante un tiempo comparten el mismo rumbo. Versan paralelamente, encontrándose con los mismos bonitos parajes o se ven obligados a escalar las mismas cimas o saltar las mismas piedras. Incluso hay momentos en que esos dos caminos van tan cerca, están tan juntos, que parecen uno sólo. Sin embargo, llega un momento en que esos caminos que han transcurrido juntos –que no revueltos- se separan en busca de su propio destino. Y eso no es bueno ni malo. Cada uno tiene deseos diferentes y eso es lo que nos hace grandes y nos enriquece.
Estaréis pensando: ¿qué le ocurre a Play que vuelve después de meses y además hablándonos en forma de metáforas sobre caminos, sendas y vida? Pues sí, soy Play, el gato, tranquilos, no me han cambiado ni sustituido. Sigo siendo el muso y niño mimado de Play agencia. Pero, a veces, hay que ser más profundo, más sentido para expresar los que nos acontece… Y es que uno de mis muchachos, Alex, ha cogido su propio camino. Hemos compartido durante cuatro años esa senda llamada Play y ahora pone rumbo a otro lugar que no sé si molará más –Gato no tienen, y eso es un punto menos-, pero que seguro que le enseñará muchas cosas y le hará crecer como persona.
Por eso tenía que dejarle un recuerdo porque ha sido uno de los muchachos a los que mejor he sabido engatusar con mis artes felinas. Desde el primer momento en que entró con su acento ucraniano, se mostró afectuoso con este gato que os escribe. Y ya sabéis que a mí me pueden los mimos y es hacerme tres caricias y tenerme ganado de por vida. Exactamente eso pasó con Alex. Me cuidaba, me mimaba. ¡Y yo le devolvía ese cariño y ya estaba en mis redes! Eso sí, nunca me dejaba sentarme en sus faldas, pero me puso un cojín en su mesa para que me acomodara. También fue el encargado de mantener mi rincón de desahogo limpio como una patena y de darme la latita de los viernes -¡preocupado estoy de quién se encargará de ello a partir de ahora!
Alex siempre me cogía con sus brazos grandotes y me volteaba en el aire. Y entonces yo me sentía el rey del mundo más alto que ninguno. También me procuraba chuches varias y me acompañó en alguna ocasión al veterinario. Siempre me saludaba por la mañana y se despedía de mí al acabar la jornada. Durante las vacaciones me pasaba a verme para hacerme compañía y que la espera no se me hiciera tan larga…
Sé, porque el mismo me lo ha confesado, que ha cambiado durante este tiempo. Se abrió al mundo, dejó su granito de arena en forma de palabra frescológica –¡qué ya tiene guasa que venga un ucraniano y se invente esta palabra que tan bien define hoy a Play!- y nos mostró que a veces tras una fachada grande, fuerte, recia se esconde un tierno corazón. Los ojos acuosos lo delataban en la hora del adiós.
¡Te echaré mucho de menos! Y seguro que no seré el único.
Te deseo que ese nuevo camino te llevé allá donde tú deseas. Y sobre todo que no te olvides de pasarme a ver.
Ronroneos varios y nostálgicos,
el Gato Play
PD: Y ya no prometo nada sobre si volveré a escribir o no. Dejaremos que el tiempo lo diga y me muestre mi camino.
Caricatura by DVD
miércoles 15 de febrero de 2012
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lunes 31 de octubre de 2011

Este Gato Negro no podía faltar a la cita en un día como hoy: Halloween o el día de los muertos. Las razones, obvias: soy un gato de pelaje oscuro asociado a las brujas y la magia negra. Los que me conocéis, sabéis que no tengo nada de maléfico –sí, vale, sólo un día me transformé en un monstruo atroz-, pero en términos generales, soy bueno como el pan, de corazón blando y gran sensibilidad. En este día, cuando algunos comen panallets o castañas y otros se disfrazan, yo me voy a reunir con algunos amigos gatunos a contarnos historias de miedo porque, al fin y al cabo, supongo que nosotros no nos asustaremos.
Yo ya tengo preparada mi historia. Me la contaron a mí y yo os la cuento ahora:
"Lucía tenía una gata de pelo blanco, casi albina, y de ojos azulones, cariñosa y ronroneadora, a la que llamaba Nieve. Lucía sentía pasión por su gata y lo que más le gustaba era notarla dormir a sus pies en la cama. Como si de un ritual se tratara, cada noche, al apagar la luz de la mesilla y cerrar los ojos, Lucía podía percibir como la gata saltaba encima de la cama, se acercaba a las piernas de la muchacha, hacia un giro sobres sí misma y finalmente, se deslizaba, dejándose caer con todo su peso sobre las pantorrillas de Lucía. A la muchacha aquel ritual le encantaba: sentir el calor de la gata y el ronroneo posterior que le transmitía en el cuerpo a cuerpo. Y para agradecerle la compañía, Lucía siempre extendía su mano y acariciaba el pelo suave de Nieve. Y así, luna tras luna, compartían el ritual y la cama.
Pero el tiempo pasa inexorable y Lucía crecía a la par que la gata envejecía, hasta que llegó un día en que Nieve no subió a la cama. Aquel día rodaron muchas lágrimas por la almohada y una pena profunda se depositó en el alma de Lucía. Durante años no quiso saber nada de gatos. Sin embargo, un día lluvioso al llegar al portal de su casa descubrió en los bajos de un coche un gatito negro que gemía de miedo y hambre. Lucía había aprendido a no ver a aquellos gatos, a no sufrir por ellos. Pero aquel gato negro parecía tan pequeño, tan indefenso y le miraba con unos ojos azulones que le recordaban a su antigua gata. No puedo evitarlo y lo cogió escondiéndolo entre los pliegues de su abrigo:
Pero, obviamente, aquello no sucedió. Aquel gato negro al que llamó Sombra no volvió a la calle y se quedó en la casa. El gato era bueno, aunque no tan cariñoso como Nieve. Era más independiente y ni mucho menos dormía a los pies de su cama, prefería el cestito que le había preparado para ello. De todas formas, muchas noches, Lucía intentaba llevarlo a la cama con ella, pero el felino sólo se paseaba un par de minutos y acababa huyendo del lugar con el rabo erizado.
Sin embargo, una noche al irse a dormir, aquello cambió. Como era habitual, Lucía leyó un rato en la cama y al írsele cerrando los párpados, apagó la luz. Casi al instante, notó los pasos sigilosos de Sombra y cómo éste subía a la cama. Lucía s
Era un 31 de octubre y Nieve la había visitado aunque no hubiera llegado el invierno".
Para todos los que tenéis gato y sabéis de lo que os hablo.
Próximamente, más y mejores ronroneos.
Play, el gato.
PD: Ilustración de DVD para "Los colores olvidados". Espero que no le moleste que la haya utilizado. Pronto, muy pronto, os volveré a hablar de libros. Sí, de la segunda parte de "Los colores olvidados" y del peso de ser muso. Pero eso será otro día...
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martes 13 de septiembre de 2011

¡Cumpleaños feliz! ¡Cumpleaños feliz! Te deseas a ti mismo, Playete, cumpleaños feliz.
No podía caer en mejor día mi cumpleaños que en un estupendo martes 13 para hacer honor a mi negrura y mi buena suerte. Sí, hoy es mi cumpleaños. Un año más viejo y ya van diez. Parece mentira que el tiempo pase tan rápido, incluso para un felino a los que se presupone que se ralentizan las horas y los días.
No voy a hacer balance de estos diez años porque sería un aburrimiento para vosotros (siestas, gente que entra, gente que sale de Play, más siestas, traslado, latitas de los viernes, el blog y mi estreno como escritor, más siestas) y además acabaría rápido, como habéis podido comprobar. No voy a hacer una lista de las múltiples cosas que me han aportado mis muchachos y tampoco voy a preguntarle a ellos porqué sé que no van a contestar –llamadme descreído-, pero nada de eso importa.
Tampoco voy a hablar de promesas futuras, tan típicas por otra parte de este mes de septiembre, inicio de curso, de año. No, no voy a hacer promesas que luego no pueda cumplir, que me de pereza… No, porque la vida cambia y no puedo poner mi patita sobre ningún fuego –aiss, qué me quemo- por nada en este momento.
Así que sin hablar de pasado ni de futuro, ¿qué me queda? Hablar de presente. Y el mío es este. Tal cual, con lo bueno y con lo malo. Disfrutando de lo primero, aceptando lo segundo. Y en ese estado de paz, sólo existe este momento en que os escribo estas líneas, en las que disfruto de expresarme y también de meter caña a los humanos. Pero, hoy tampoco voy a ser duro con vosotros. Es mi cumpleaños y quiero ser bondadoso… Más de lo que soy habitualmente.
¡Qué mejor día que el de hoy para regresar a mi blog, después de estas largas vacaciones que os espero explicar en breve! Pero como decía, hoy me quedo con este instante. Tal vez , no tenga tarta con velitas –aunque una latita extra o golosinas no estaría de más. Tal vez, no tenga felicitaciones a raudales –aunque me consta que en facebook me han dejado unas cuantas, incluso gente a la que no conozco personalmente, pero es que ya se sabe que tengo mucho carisma… En realidad, todo eso está genial, ¿a qué felino o humano no le gusta que le recuerden? Pero lo mejor es que estoy aquí. Que alguien me rescató y vine a parar a este lugar. Que recibo mimos a raudales y que a pesar de algún achaque en forma de bolas de pelo tengo una salud de hierro. Lo mejor es que tengo ganas de seguir repartiendo cariño, de seguir arañando en el alma humana, de explicaros anécdotas de mi día a día. En definitiva: ¡LO MEJOR ES QUE ESTOY AQUÍ! ¡Y CARPE DIEM!
Próximamente, más y mejores ronroneos.
Play, el gato
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