jueves, 24 de diciembre de 2009



Con la Navidad siempre llegan algunos tópicos de la mano: el turrón, el árbol de Navidad, la carta a los reyes magos, las maratones y programas solidarios y, cómo no, la lotería de Navidad. Esa que tiene más tradición que el propio niño Jesús.

Cada 22 de diciembre es ese momento que aúna a más españolitos y ciudadanos en pro de un sueño y deseo: que le toque el gordo. Qué pienso yo que ya se podían unir en pro de algo más importante. Pero, oye, no voy a ser yo el que critique esta actitud. Porque como dicen, el dinerillo no da la felicidad, pero ayuda. Al menos eso piensan algunos humanos…

Así que aquí en Play, algunos se han sumado a tan ancestral tradición y han comprado algún numerito. Y nada más llegar con él entre las manos y con la ilusión de hacer planes imaginarios, se han acercado a mí y me han restregado por mi pelo oscuro el cupón de marras. Su intención bien clara: qué les transmita mi buena suerte. ¡Pobres inocentes! Y no porque yo no atraiga a la buena suerte, porque eso está demostradísimo, incluso científicamente –ejem. Sino porque hay temas que quedan fuera de mi poder gatuno. El azar es volátil, a veces efímero y la mayoría de las ocasiones, muy, muy caprichoso. Así que ante cosas así, mi buena fortuna no siempre funciona. Además, tened en cuenta que este año ya habéis abusado mucho de mí y estoy algo agotado. Necesito vacaciones para recuperarme de tanto darme.

El día 22 mis inocentes muchachos empezaron a escuchar esa especie de mantra navideño que invocan los niños de San Ildefonso. Durante unas horas, hicieron planes imaginarios y se sintieron ricos económicamente –¡lo que hace la mente humana!–, pero sobre todo se sintieron ricos en ilusiones. Lo cual no está nada mal. Tanto es así, que yo propondría que al menos una vez a la semana hubiera una lotería de este tipo, pues todos los humanos ganaríais en ilusión y esperanza, ahora que esta sociedad anda tan necesitada de esas sensaciones.

Pasada la mañana, cuando ya acabó el mantra, no hubo ni cava ni celebraciones. El azar pasó de largo y se fue a otra parte. ¡Ah! Pero amigos, yo soy el gato de la Buena Suerte y tenía reservado un as bajo la pata. No fue el gordo, ni el segundo, ni siquiera un quinto, pero algo si tenía para mis muchachos, un cuponcito premiado. El premio muy, muy pequeñito, pero ya con eso se pusieron contentos.

Y es que me da la sensación que como con la mayoría de la cosas en la vida de los humanos, lo importante, lo que resta no es tanto el dinero o aquello que uno vaya acumulando. Como siempre, al final, lo que cuenta es la ilusión y las pequeñas cosas. Y eso lo compartimos humanos y gatos: el valor de los detalles del día a día, que si un mimo, o una latita, que si una sonrisa de tu compañero o un beso de quien te ama.

Y aquí lo dejo, porque si no me pongo tierno. Por si no nos vemos antes, felices fiestas. Y el próximo año, prometo más Playete, más uñas afiladas, más crítica constructiva y más buena suerte, pero sobre todo, y eso es cosa vuestra, os pido más ilusiones. ¡Confío en vosotros, humanos!

Play, el gato.

PD: ¡Gracias, Marta, por el regalito de la imagen de esta entrada!

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viernes, 18 de diciembre de 2009


Queridos lectores:

Hace mucho tiempo que no escribo, así que hoy entono el mea culpa. Pero como no voy a estar pidiendo mil y una disculpas —porque al fin y al cabo, esto lo hago por placer, y no por obligación—, os voy a contar cosas de las últimas semanas. Tengo múltiples anécdotas para llenar varias entradas, pero vayamos por pasos y una a una que si no me estreso.

Estas últimas semanas, he estado tan ocupado que sin darme cuenta ya tenemos aquí la Navidad, esa maravillosa época de buenos deseos y de paz. ¡Ja! El año pasado tuve tiempo de prepararme mentalmente y de esputar de esta época que me crispa hasta los tuétanos. Sin embargo, este año ha llegado sin más, sin previo aviso, eso sí acompañada de una ola de frio siberiano que me tiene bien helado. Total, sólo falta la nieve para vivir una dulce y bucólica Navidad. ¡Paparruchas!

Hablando precisamente de frío y de Siberia, ayer escuché una noticia, donde explicaban que un pueblo de las estepas soviéticas estaba sin calefacción por culpa de uno de mi especie. Según los periodistas, el gato había provocado un cortocircuito en la central térmica dejando a sus habitantes humanos a 18º bajo cero dentro de sus casas. ¡Va! ¿Quién se cree que un pobre gato pueda provocar tal calamidad? O el gato es un superhéroe o esas centrales no son ni muy modernas ni muy seguras ¿Porqué opción os decantáis? Yo lo tengo clarísimo. Defendiendo a los míos hasta la muerte.

Os cuento esta anécdota porque los gatos tenemos muy mala prensa. Qué si somos ariscos, qué si somos unas fieras, qué si somos unos independientes –que no independentistas—, qué si somos esto o aquello, y encima, vamos dejando congelados a los humanos… En definitiva, que el gato no es demasiado querido y aún menos, si es negro. Suerte que para eso están mis muchachos para hablar bien de los gatos y, especialmente, de mí. Tanto escribir agradecimientos en el libro que han hecho, tanto hablar de mí en radios y presentaciones, tanto nombrarme aquí y allá que creo que me voy a hacer famoso. ¡Por fin, saldré del ostracismo de gato de oficina! A este paso, de aquí a poco, habrá decenas, cientos de periodistas agolpados a las puertas de Play, esperando una declaración de este gato que os escribe. Flashes, empujones, micros y preguntas: ¿Cómo se siente un gato siendo protagonista?, ¿qué representa ser una fuente de inspiración?, ¿qué supone ser un gato de la Buena Suerte?, ¿qué opinas del libro? ¡Seré la nueva estrella! ¡Seré el gato escritor! ¡El primero en la historia! Pero, uff, pensándolo mejor, esto va a suponer mucho trabajo. Sólo de pensarlo, empiezo a bostezar y a abrir la boca hasta enseñar mi tráquea. ¡Qué pereza! Creo que esto de ser conocido no va mucho conmigo. ¡Prefiero la mala fama que ser perseguido! Entonces como respuesta a algunos medios, yo pasaría de largo y les diría que poco me interesan sus preguntas ni la fama adquirida, porque para mí lo importante es seguir con los míos, repartiendo cariño y, si de paso inspiro un libro, mejor que mejor. Con la humildad por delante, que siempre he sido un gato bueno y educado y a estas alturas nadie va a cambiar ni mi temple, ni mi compostura de gato de oficina. Y a quién no le guste, ¡paparruchas!

Próximamente, más y mejores ronroneos.
¡Y vivan los colores, incluído el negro!

Play, el gato.

PD: David, gracias por el retrato con mi libro preferido "Los colores olvidados y otros relatos ilustrados"

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lunes, 2 de noviembre de 2009


Siempre todo acaba estando interrelacionado. Es algo real, algo casi palpable. En la vida, los hechos y los sucesos se encadenan de manera increíble y sorpresiva, haciendo que incluso las coincidencias de una serie como Lost —si, sé lo que es, soy un gato informado— sean un pequeño puzle si lo comparamos con el mosaico real que es la existencia.

Sí, estaréis pensando: Play, ¿qué te ocurre hoy que has abandonado tu tono facilón y algo sarcástico para ponerte tan serio y trascendente? Pues, sí, queridos lectores, a veces, uno se siente así porque no queda más remedio. Y es que la vida se celebra, pero también se pena. Hoy es el día de difuntos

Y es que las coincidencias —esa extraña ciencia de la que ya hablamos en otra entrada— provocaron, hace algunos días, que por la tarde acompañara y animara a una de mis muchachas a escribir frases más o menos bonitas y promocionales sobre seguros de decesos, cuando me entero que un amigo de los de mi especie se nos había ido. Así es la vida.

Por mucho que digan que tenemos siete vidas, la realidad es que somos finitos como los humanos. Tal vez, superemos caídas desde pisos altos o nos reencarnemos, pero que sepamos también a nosotros nos llega nuestra hora. A algunos más tarde o a otros más temprano, pero siempre acaba provocando una gran pena.

Mi amigo era un buen compañero, de la misma tipología que yo: rescatado de un destino incierto para caer en buenas manos y mimoso hasta decir basta. Le gustaba sentarse en las faldas conocidas y ajenas y pasearse junto a su amigo de juegos, un gatito ciego. Mi amigo de larga cabellera, que le había provocado más de un tirón de pelos, era uno de esos gatos que se convierten en fiel compañero para sus familiares e, incluso, para los extraños. Yo no lo conocí tanto como me hubiera gustado, pero siempre lo recordaré. Y ahora ha dejado un cúmulo de tristeza entre sus dueños y amigos. Pero, os digo una cosa, amigos humanos, no sufráis. Sé que es difícil porque aunque la muerte forme parte de la vida es algo que no tenéis asimilado.

Afortunadamente, los gatos lo llevamos mucho mejor porque nosotros lo entendemos como algo natural. Y eso no significa que seamos insensibles. ¡Todo lo contrario! Pero somos conscientes de que es algo que está ahí. Irremediablemente. Por eso, no nos escondemos detrás de nuestra cola, ni cerramos nuestros párpados para evitar ver —eso sólo lo hacemos para echarnos a dormir.

Nosotros vivimos el día a día de la mejor manera posible. Esa es nuestra filosofía. Por eso, me gustaría enseñaros esta manera de ver las cosas. Haceros entender que disfrutéis de cada momento, porque eso es lo único que permanece en el recuerdo. Lo demás acaba pasando. Me gustaría alentaros a que vierais y vivierais estas situaciones de otra manera, pero todo necesita de su tiempo y tampoco aspiro a que un gato negro como yo os pueda cambiar el pensamiento. Así que esta semana no os voy a echar nada en cara, ni os voy a meter caña. Cada uno que afronte las situaciones lo mejor que sepa o que pueda.

Hoy es día de difuntos y, continuando con las casualidades, ahora voy a seguir echando una mano a mi muchacha con las frases de decesos.

Aunque comprenda que es nuestro destino, siento algo de pena por el amigo que se va… Hoy os entiendo un poco más, hoy soy un poco más humano.

Mi recuerdo para Deep.

Próximamente, prometo ronroneos más alegres.
Play, el gato.

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jueves, 22 de octubre de 2009


Seguramente, en varias ocasiones, queridos lectores, habréis visto esas figuritas de gato que tienen algunos comercios y locales chinos. Estas figurillas llamadas Zhaocai mao en China y Maneki neko en Japón que son símbolo de fortuna y buena suerte.

Todo esto os lo cuento porque hace una semana fue martes 13 y ese día siempre significa una tortura para todos los de mi especie y color. Afortunadamente, debo decir que después de siete días no ha pasado nada grave a mí alrededor. Por tanto, creo que ha llegado el momento de dejar esta absurda superstición de lado y más si hasta yo he sobrevivido. Porque si alguien estaba asustado con este martes 13 era yo y ahora os pasaré a relatar el porqué.

Todo empezó hace un par de semanas, cuando este gato que os escribe empezó a encontrarse mal. Digamos que comí cosas que no debí y mi estomago se rebeló. Vomitera allí, vomitera allá. Así que mis muchachos que me tienen en estima, se empezaron a preocupar y decidieron llevarme al veterinario, vete, para los amigos –aunque, ¿quién puede ser amigo de un tío/-a que te manosea, te inyecta y te hace sufrir mil torturas en tus propias carnes?

El caso es que llamaron al veterinario y, justamente, la linda enfermera de animales nos dio visita para el martes 13. ¿Os imagináis un gato negro visitándose un martes 13? Suena a cachondeo, pero es real. Menos mal que yo no creo en la mala suerte, pero quieras o no tenía el miedo metido en el cuerpo. Hasta que llegó el martes, fueron días muy largos, días de mucho pensar, días de cierta preocupación. Pero me dije a mi mismo: “Play, Play, no seas un pesimista, si tú traes la buena suerte a todo aquel que te tiene”. Y pensando en esto, me fui relajando.

Y, al fin, llegó el día. Un pedazo MARTES 13 marcado de negro en el calendario y una caja de transporte esperándome para ser ejecutado… sí, ya lo sé, le estoy poniendo demasiado dramatismo. Pero habéis de entenderlo, llevo a cuestas el karma de mis otras vidas. Como, por ejemplo, cuando fui perseguido allá por la Edad Media y, entonces, no tenían piedad y la ejecución si era real. ¡Maldito karma que llevo a cuestas! Porque esa es otra historia, ¿qué habré hecho yo en otras vidas que repito sin fin ser gatito negro? A ver si para la próxima, me reencarno en otra cosa, que ya toca. Siguiendo con la descripción de los hechos del martes 13, llegó el momento de meterme en la caja de transporte. Todos estaban acojonados –sí, tal como suena. Es la mejor definición del estado de mis muchachos. Ya me conocen y saben que al verlo me convierto en una bestia. Sin embargo, esta vez, pensé: “cuanto antes vayamos, antes acabaremos”. Así que me porté bien y a la primera fui para adentro. De camino al matasanos, he de reconocer que lloré, gimoteé y me enfadé, pero allí me porté muy bien. Si es que en el fondo soy un santo.

Después de todo esto, el diagnóstico general fue que estoy sano, sanísimo, pero que tengo que dejar el pegamento, los celos y otros elementos plasticosos. Me tengo que pasar al pienso light y nutritivo y a la rica malta.

En definitiva, os cuento toda esta historia para recordaros a los humanos que os dejéis de tonterías, supersticiones y supercherías porque la vida dura dos días como para estar pendientes de estas memeces. Así que ya sabéis, poned un gato en vuestra vida, ya sea real o de mentira. ¡Sed como los orientales, que ellos sí que saben! Por saber, saben que los gatos no somos unos huraños, ni unos tacaños, sino que podemos ser símbolo de ventura y dicha, he dicho.

Palabra de Playete.

¡Y vivan los orientales!

Próximamente, más y mejores ronroneos.

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jueves, 8 de octubre de 2009


Apreciados blogueros y lectores:

Lo prometido es deuda: esta semana he salido de Play agencia. Y es lo mejor que he podido hacer, porque aquí ha habido mucho movimiento, mucho ruido y mucho estrés escondido bajo efectos de locura transitoria por parte de alguno de mis muchachos -¿verdad, Teo? Como esto de los nervios y el griterío no van conmigo, decidí huir y visitar a una amiga —no penséis mal -, una amiga que estaba convaleciente. Y digo no penséis mal, porque yo ya no conservo mi hombría gatuna, pues desde hace años soy un poco eunuco. Y, segundo, porque a mi nueva amiga también le han eliminado recientemente sus instintos sexuales. Así que no había peligro de ningún tipo en que saltaran chispas entre nosotros. Todo lo que puede haber es un amor puro e idílico.

El caso es que la visité, tal como he dicho, porque estaba recién operada y está bien apoyar al prójimo en situaciones similares por las que uno ya ha pasado. La verdad es que llegar hasta casa de mi amiga felina fue toda una aventura que daría para una entrada. Así que eso lo dejo para otro día. El caso es que la visita fue breve, de esas que vosotros llamáis de médico, pero no importó porque, al fin y al cabo, vi a alguien de mi misma condición. Al principio, intercambiamos miradas extrañas, después, algún bufido y, finalmente, nos acercamos y nos ronroneamos un poquito.

Aunque la visita fue rápida, tuvimos tiempo de charlar un rato y hablamos del hecho de ser castrados —bueno, esterilizados, que queda mejor. ¡Es un acto que no entiendo! ¿Verdad que yo no voy castrando a ningún humano? Y es que aunque me lo han explicado mil veces y que es por nuestro bien, yo no lo acabo de ver. ¡Paparruchas!

Los veterinarios aducen dos razones principales: se evita nuestra reproducción en masa y constante y, además, así nos ahorramos posibles enfermedades futuras. Pero seamos sinceros, humanos, las razones son otras. Primero de todo, os queréis ahorrar nuestras épocas de celo que son un poco escandalosas –bueno, a veces muy escandalosas. Pero la verdadera razón es que queréis evitar una invasión gatuna que acabe con los de vuestra estirpe. Porque, ¿qué pasaría si todos los gatos empezáramos a reproducirnos cada vez que tenemos un celo? Por lógica, al final, seríamos tantos gatos que el poder recaería en nuestras manos. Así, que humanos, seamos honestos. Entiendo vuestras razones, pero no las escondáis bajo supuestos beneficios para nosotros, los animalitos. Es por pura comodidad y por miedo a un futuro felino. ¡Con lo bien que os iría volver a vuestros orígenes animales y dejaros llevar por vuestros instintos! Y no, no se me ha ido la cabeza, ni estoy drogado con el pegamento de los sobres. Estoy totalmente cuerdo y sereno. Aunque también es verdad que algunos humanos os sometéis a cosas similares aunque por otras razones. Por lo tanto, voy a daros un voto de confianza y supongo que vosotros, nuestros amos, si hacéis esto es porque es lo mejor para nosotros. Al fin y al cabo, nos dais casa, comida y cariñitos. Por tanto, no creo que nos queráis ver enfermitos. Conclusión a la que llego: no será tan malo esto de la esterilización, pero por si acaso la próxima vez, no estaría mal preguntar. Los gatos tenemos opinión, aunque a veces seamos muy reservados y parezcamos lo contrario.

Por cierto, mi amiga felina se ha recuperado perfectamente de su castra… aiss, perdón, esterilización y ya está dando guerra en casa. Sigue así, Fellina, que no se crean estos humanos que somos unos acomplejados por no conservar nuestros instintos sexuales, que nuestros instintos felinos siguen intactos y preparados para atacar en cualquier momento.

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Palabra de Play, el gato.

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viernes, 18 de septiembre de 2009


Vuelta al día a día. Regreso a lo conocido y, por tanto, al blog. Así, ya estamos en septiembre, el momento que realmente supone un punto de inflexión y en que los humanos retomáis viejas costumbres u os empeñáis en absurdas promesas ficticias.

Pero, como aún estamos con el jet-lag estival, y prefiero no pensar en lo que vendrá, os voy a contar un poco mi verano. Han sido unas vacaciones de lo más variadas, así que allá va mi relato: Allá por julio, decidí irme unos días a las playas cercanas a hacer turismo nacional. Mar en calma, unas tapitas para llenar la barriga y un muy mucho de descanso. Ahí recargué las pilas para luego irme al norte de Europa. Y pensareis, ¿qué se te ha perdido allí Playete? Pues, después de sol y calor, nada mejor que el frescor de los mares del norte, con sus verdes bosques. Creí que encontraría a algún gnomo, pero en su lugar, lo único que hallé fue muchísimo calor. Después me cogí la mochila y me fui aún más lejos, a la India ¿Y quién me mandaría? Porque no es precisamente un lugar fácil para los gatos. ¡Aunque claro no lo es ni para los humanos! Allí abundan más los perros, pero con algún gato también me he topado. Con el karma renovado y alabando las comodidades de Occidente, volví a ésta, mi casa. Y aquí estoy escribiendo esta entrada. Hace poco me propusieron ir a Ucrania, pero pensé que ya era mejor quedarme. Como mucho me iré a Ripoll o a la Cerdanya para recuperarme de los excesos estivales, pero no puedo ausentarme demasiado. ¡Estos chicos necesitan ser controlados! Porque si no estoy yo detrás, a ver ¿quién les inspira? ¿Quién les alienta? ¿Quién los hipnotiza con mi sola presencia? Es que mis muchachos no son nada sin su gato –anda, que cuando lean esto, van a estar contentos.

En fin, que aquí estamos de nuevo, de vuelta al día a día. Eso sí, con el ánimo mudado –porque el pelaje ya lo cambié antes del verano- y las energías desbordantes, aunque hay quien siempre me supera, ya sea por adrenalina propia o debido a las bayas milagrosas. Pero prometo no señalar a nadie.

Sólo me queda deciros que vuelvo de nuevo con ganas de seguir explicando muchas cosas y no sólo de Play, sino del mundo, en general. Además, durante este año creo que oiréis hablar mucho de un gato negro… Ya iréis viendo.

Así que ahora ya guardo mi mochila viajera repleta de recuerdos y aquí os dejo. ¡Ah, por supuesto, todo esto es inventado! ¿Cómo iba este gato tan vago a viajar por medio mundo? Todos estos sitios han sido algunos de los lugares que han visitado mis muchachos…. Pero me han puesto los dientes tan largos y las uñas tan afiladas, que he decidido salir un poco más de Play. Así que mi promesa para el nuevo curso es vencer el miedo y hacer más salidas nocturnas para ampliar conocimientos. ¿Veis como ya me parezco demasiado a los humanos? ¡Hasta hago promesas post-verano! ¡Este es el fin de los gatos felinos! Somos gatos humanizados.

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato


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viernes, 24 de julio de 2009


2:30h. Noche cerrada en Play. El vecindario en el mayor de los silencios. Hace calor, pero una suave brisa estival se cuela por la ventana.

Yo duermo tranquilamente sobre mi butaca favorita. Sueño con lindos gatitos, con el recibimiento del lunes por la mañana, con las faldas ajenas que me protegen. ¡Es un agradabilísimo sueño! De repente, oigo un estruendo. En un primer momento, no sé si es en mi sueño o es externo. ¡Qué pereza más grande abrir los ojos! Así que para no despejarme del todo, entreabro solo uno, pero lo vuelvo a cerrar. La pereza me vence. Pero, otra vez, un golpe más fuerte. Esto ya no es normal. Parece que el ruido proviene de la persiana de atrás. ¡Me extraña que alguien venga a estas horas, pero en Play todo puede pasar! Así, que todo contento y ufano me dirijo hacia la puerta para recibir unos cuántos mimos y atenciones. Sin embargo, cuando me acerco, descubro con sorpresa que los que entran no son caras conocidas ni amigas.

¿Y ahora qué? Mi primera reacción es salir corriendo con el rabo entre las piernas, pero no, debo ser valiente y defender mi territorio.

Sigilosamente y parapetado por la oscuridad de la noche, me dirijo hacia esos extraños. Intentando no asustarme de mi propia sombra, me acerco y veo que empiezan a tocarlo todo. Abren armarios, revuelven las cosas y yo sin saber qué hacer. Está claro que son unos ladrones, pero no sé si de poca monta.

Mientras pienso en algún plan, sucede algo que me hace actuar con premura. ¡Están toqueteando el armario de mis latitas! Y ya sabéis que mis latitas son sagradas y no me las toca nadie. En este momento, cual felino con la boca abierta, los dientes afilados y las uñas preparadas me tiro a las piernas extrañas. Como son humanos y no ven nada en la oscuridad, al notar algo entre sus piernas y los mordiscos aquí y allá, el ladrón empieza a gritar. El que le acompaña se asusta al oír a su compañero y ya tenemos a dos personas huyendo. Así es como este gato superhéroe consiguió de la manera más ancestral y sencilla echar a estos ladrones de su hogar.

Después de este incidente, hay que extraer dos conclusiones: la primera, es que los gatos engañamos. Podemos parecer inofensivos, monadas y peluchadas, pero cuando nos vemos en peligro podemos desatar al gran felino que llevamos dentro. La segunda conclusión es que cuando uno ve peligrar realmente lo que quiere, lo defiende a uñas y dientes. Insisto, a mi nadie me tocas mis latas. Al fin y al cabo, veis, humanos y gatos no somos tan diferentes.

Curiosamente, mis muchachos creen que los ladrones huyeron porque la alarma saltó. No seáis incrédulos, que quién os salvó –bueno, salvó vuestro trabajo-, fui yo. Así que ya sabéis, a cambio me debéis unos cuántos mimos extras y una latita de más.

No paséis mucho calor y ánimo con los cuentos porque como ya sabéis a mí también me gusta mucho fabular sobre la realidad. Si necesitáis ayuda, contad conmigo.

Playete, el gato superhéroe.
Próximamente, más y mejores ronroneos.

PD: ¡Felices vacaciones Teo! A la vuelta me cuentas que tal son los gatos suecos y del norte de Europa, en general. Me gustaría conocerlos en persona, pero como soy tan vago y tan malo para meterme en el cajetín y viajar, me tengo que conformar con lo que me expliquéis los demás.

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viernes, 10 de julio de 2009


Apreciados lectores y blogueros,

De nuevas estoy aquí con aires renovados. Bueno, para que vamos a engañarnos, sin aires renovados, pero ya tocaba volver a escribir. Era mi obligación y para una que tengo no puedo faltar tanto a ella.

Esta semana ha sido el cumpleaños de una mis muchachas y esto me ha hecho pensar en la importancia de la edad. Para los gatos, el tiempo es algo completamente relativo. Supuestamente, tenemos siete vidas, pero ¿y cuántos años tiene cada vida? Hay quién dice que cada año de vida gatuno equivale a siete humanos. Y siempre estamos de vuelta con el siete.

El problema viene cuando uno no sabe con exactitud cuando ha nacido. Eso es algo imposible para los humanos actuales. Tengo entendiendo que vuestros antepasados a veces si dudaban de la edad que tenían, pero ahora todo está milimétricamente controlado y sabéis no sólo el mes, el día, sino que también la hora y el minuto exacto. Sólo falta que al nacer os entregaran una carta astral explicando cual va a ser vuestra personalidad y vuestro destino. Es lo que tiene la sociedad tecnológica. Pero, claro, yo que a saber de quién soy hijo, no tengo ni idea en que mes nací y, el año, creo que hará unos ocho, pero en realidad, no estoy muy seguro.

Pero, tal vez, sea mucho mejor así, pues de esta manera me evito las obsesiones que tienen algunos humanos con la edad. Los que son adolescentes se ponen años para aparentar más y entrar en cualquier antro o discoteca. Las personas mayores los esconden cada vez que les preguntan, aunque a veces algunos detalles los delaten. Los únicos que parecían inmunes a lo de la edad eran los jóvenes. Pero, no, ahora, los que cumplen 30 también entran en periodo de recesión y desearían volver a los veinte. Total, que visto lo visto, prefiero ser un ignorante y no saber mi edad. Ya se sabe, la ignorancia da la felicidad.

El único inconveniente a este detalle es que no tengo derecho a celebrar mi cumpleaños y ves, en esto sí que me fastidia, porque en esto los humanos os lo habéis montado muy bien. Por vuestro cumpleaños, os coméis una buena tarta, con deseo incluido como si fuera una lámpara mágica, con la única diferencia de que encima esta os la zampáis. Además, os surten de regalos, de felicitaciones y de atenciones. Sois los máximos protagonistas una vez al año. Y con eso ya tenéis suficiente, porque sino esos egos se agigantarían y tampoco os conviene en exceso. Valorarse está bien, caer en la idolatría propia sería demasiado.

En cualquier caso, lo que yo sí echo en falta es ese detalle de soplar la vela de la tarta y algún presente de vez en cuando. Por esta razón, a partir de ahora, he decidido lo siguiente: cada vez que uno de mis muchachos cumpla años, yo también lo celebraré con él. ¿No sé supone que cada año gatuno son siete humanos? Por tanto, yo al menos, me merezco siete cumpleaños al año. Así que los siguientes prepararos, porque la próxima vez, yo también apareceré en la foto compartiendo plano junto a la tarta y las velitas.

¡Ah! Y, por supuesto, pediré un deseo… Ja, pero lo tenéis claro, si pensáis que os lo voy a contar.

Próximamente, más y mejores ronroneos.

PD: ¡Feliz vacaciones Marta y Francesc!

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martes, 23 de junio de 2009


Queridos lectores y blogueros,

Antes que nada quería pediros disculpas por esta ausencia de palabras en el blog desde hace semanas. No quiero poner excusas pero realmente no he tenido cuerpo para nada. Esto del cambio de pelaje lo llevo fatal. Me siento inapetente, echando pelos por todas partes y a todas horas, y a veces con las consiguientes consecuencias de la expulsión de los susodichos pelos, con la que no os voy a deleitar porque no es plato de buen gusto.

En fin, que cuando uno siente este estado lo que menos le apetece es ponerse a escribir. Además, qué narices, yo también me merezco unas vacaciones. Yo creo que esto que sufro con el cambio de pelaje debe ser algo similar a vuestros estados de astenia que dicen que sufrís los humanos en primavera, en otoño, en invierno y al volver de vacaciones. ¡Vamos que estáis todo el año en ese estado de desgana! Por esta razón, yo creo que entenderéis mi ausencia levemente prolongada.

Además, últimamente, hay tanto jaleo por esta agencia que es complicado concentrarse. Unos que entran, otros que salen. Otros que vienen a quedarse, pero ni siquiera llegan a entrar. Muchas reuniones, más llamadas y más reuniones. Pero no pasa nada. Por fin, ahora estamos solos, el ordenador y yo. Hay paz, hay tranquilidad. Un momento de sosiego, un momento de respiro antes de que lleguen las horas de los petardos y la fiesta. Sí, porque hoy es San Joan, esa noche que se supone es la más corta del año y donde la gente la celebra, como siempre, comiendo –coca- y bebiendo –eso ya al gusto de cada uno. Pero yo como estoy inapetente, ni comeré ni beberé, sino, bien al contrario, sufriré la tortura de los petardos. ¡Qué insensibilidad! Seguro que esos humanos no piensan en nosotros los pobres animalitos.

Afortunadamente, yo estoy en fase de irme recuperando de mi fase de bajón físico-anímico y me estoy tomando mis propias medicinas que consisten en mucha tranquilidad, mucha calma, menos obligaciones –sí, ya lo sé, normalmente tengo pocas, pero estos días aún menos- y sobre todo esa maravilla llamada malta que me pone las pilas y me sienta de maravilla, concretamente, en relación a la expulsión de pelos. ¡Vamos yo no necesito ni prozacs ni estimulantes de otro tipo!

Hoy voy a ser corto y breve, pero solo quería que supierais que sigo vivito y coleando, con algo menos de pelos y más delgado, pero que pronto volveré partiendo más pana entre mis muchachos y mis lectores humanos.

¡Feliz verbena y felices días hasta los próximos ronroneos!

Play, el gato.

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viernes, 5 de junio de 2009


Estas últimas semanas han sido las semanas de las elecciones, tanto aquí en Play como en Europa. Una de esas extrañas coincidencias, que yo ya tomo por habituales. Sin embargo, entre unas y otras hay una gran diferencia: el entusiasmo. Las elecciones internas han despertado expectación e interés, las oficiales europeas, en general, aburren y cansan.

Las votaciones en este mundo Play, aunque haya democracia, no creáis que han sido para elegir a los jefes. ¡Qué dirían Efrén y David! Porque sobre todo es muy importante que sepáis que David también es el jefe, no os vaya a pasar como a Alex que no se enteró hasta meses después. La cuestión es que no eran elecciones sobre candidatos a ocupar ningún cargo, sino que han sido para Play Attitude. Y es que hemos –sí, sí, hemos- votado que diseños nos parecían más acertados para la próxima colección de camisetas.

En principio, los votos eran secretos, pero –ejem-, al final, la privacidad ha salido a la luz. Cosas de los jefes, Efrén y David... Ha quedado claro quiénes son los jefes, ¿no?

Y es que esto de que los votos no sean secretos puede despertar muchas susceptibilidades y lo habéis de entender: los creativos son seres muy sensibles. Afortunadamente, las elecciones de verdad, si son privadas, pues no quiero ni imaginar que ocurría si la gente supiera lo que vota su vecino o su primo. Eso sí que despertaría susceptibilidades y no precisamente por la sensibilidad que parecen ostentar algunos políticos. Por aquí, hay quién ha abanderado a algún partido pequeñito de tamaño, pero de grandes valores que ofrece una alternativa para el voto del domingo y para el mundo, en general. Ah, amigos pero no diré su nombre porque yo no quiero meterme en política. Eso es para vosotros, los humanos.

Sin embargo, creo que provoca más interés la política en mí que en vosotros. Resulta curioso ver las campañas que realizan los partidos, pero aun más curioso resulta observar como esas campañas se basan en el ataque al contrario. Por lo que tengo entendido y leído, esto no ocurre así en todos los países, pero supongo que aquí que aún andamos con la alpargata y la pandereta, es el pan de cada día en la política. Entiendo que pueda provocar desidia y desinterés en vosotros, pero si os dan la oportunidad de participar, creo que se debería aprovechar. Luego os quejáis y reclamáis atención, pero cuando os la ofrecen la soléis rechazar. Entiendo que votar entre escoger diseños y escoger políticos es algo muy diferente, pero ante las oportunidades de decidir algo, no se debería permanecer impasible.

Por eso, os invito a participar en el nuevo concurso sobre diseños para la colección de camisetas Play Attitude 2010. Y es que después de muchas votaciones y deliberaciones, decidimos aún ser más democráticos y dejar la elección final entre nuestro público y nuestros fans. Con respecto a las elecciones europeas me gustaría animaros también a que vayáis a votar. Sé que lo más fácil sería quedarse dormido y olvidar la responsabilidad como ciudadano. Pero a veces es necesario actuar y soñar con algo mejor, pero soñar despierto. Yo, como no puedo votar, seguiré soñando mientras duermo, pero vosotros abrir los ojos y nunca dejéis de soñar despiertos porque a veces los sueños también se cumplen, los sueños de un mundo mejor, los sueños de cada uno.

Por cierto, ¿os vuelvo a recordar quienes son los jefes?

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato

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lunes, 1 de junio de 2009


Apreciados lectores y blogueros,

Antes que nada a todos los que seáis culés, os tengo que felicitar, pues por lo que tengo entendido vuestro equipo de los amores ha hecho un triplete único. ¡Algo inaudito, algo colosal! Yo no soy muy de fútbol. Tampoco es que lo odie y piense que es el peor de los males, como alguno de mis muchachos, pero digamos que no entiendo mucho ni quiero entender. Lo del fútbol es algo que está hecho para los humanos y ahí los gatos poco tenemos que decir o hacer. Cierto es, que cuando los gatos somos pequeños practicamos algo parecido al fútbol si nos dais cualquier cosa que parezca una bola, ya sea de papel o de goma. Pero, luego, cuando crecemos y nos hacemos adultos esa euforia juvenil se nos pasa, pero no os sucede así a los humanos. Cuanto más adultos más forofos del fútbol. Básicamente, porque pienso que los niños pequeños son fans de un club –que de estos hay muchos, que a los pocos meses ya tienen el carné de un equipo- porque se lo inculcan sus progenitores, al igual que les enseñan a comer solitos o a pedir las cosas con el consabido por favor.

En cualquier caso, estos días a raíz de tantas victorias, la ciudad se ha transformado y algunos fans pasan a ser fanáticos. Y es que aunque no lo creáis existe una sutil diferencia. Un fan es un admirador o seguidor de algo. Sin embargo, fanático es quien defiende algo con una tenacidad desmedida. Y ahí está la clave: “desmedida”. No quiero hacer apología, pero sinceramente y, por lo que he oído y leído, hay gente que actúa y celebra la victoria de manera desmedida, estropeando el material urbano que pagan todos los humanos. A estos “desmedidos” no les voy a dar más protagonismo. Sin embargo, lo que si me fascina es saber qué es lo que mueve a una persona a ser fan.

Sí, lo sé, es una pregunta profunda y seguro que podrían haber miles de respuestas. Analizándolo detenidamente, supongo que ser fan es una forma de sentirte integrado y de saber que perteneces a algo, pues habitualmente, los humanos lo de la soledad no lo lleváis muy bien y, a veces, pensáis que mejor acompañado que solo. Y ahí los gatos opinamos todo lo contrario.

En conclusión, espero que la alegría que habéis vivido estos días los culés os dure mucho tiempo, pero es importante pensar –y esto lo digo por todos- que ganar es genial, pero que hoy se gana, pero cualquier día también se puede perder. Lo importante es ser siempre fan o forofo -que no fanático-, pero tanto en las duras como en las maduras. Como dice un conocido mío, el verdadero fan como el verdadero marinero se demuestra, no cuando el mar está en calma y todo es fácil, sino cuando hay tempestad embravecida. Para mi, eso es ser un auténtico forofo y como con todo es cuestión de fe.

Ups, lo siento, os voy a dejar. Me estoy empezando a encontrar mal. Es esta época y el cambio de pelaje... de tanto comerme los pelos se me hacen una bola en la barriga. ¡Ay, qué dolor!

Próximamente...ya lo sabéis.

Play, el gato.

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viernes, 22 de mayo de 2009



Achús, achás (sencillo y sonoro). Salud. Achís, achís, achís, achís, achís ( bajito y repetitivo). Salud. Achusuzús (bien fuerte y estruendoso). Salud.

Esta ha sido la banda sonora habitual durante esta semana en Play. Y es que con el mes de mayo, a parte de ser el mes de María, las flores y la alegría, es el mes de las alergias. Y si tenemos que hablar de alergias básicamente existen de dos tipos: las alergias típicamente estacionales –normalmente, como hemos dicho, primaverales- y las alergias animales, que desgraciadamente, provocamos nosotros, los animales.

De las alergias primaverales, solo algunos las padecen, pero todos las sufren, pues inevitablemente estornudo va, estornudo viene y la concentración se pierde. Remedios para la situación: el mejor sería no respirar y así evitar los pólenes, gramíneas y demás especies que desencadenan estas monstruosidades. Sí, sí, no os riais, las alergias pueden llegar a ser monstruosas: a hinchar los ojos de las personas, a colorearles la nariz de tanto pañuelo y moco, a dejarles sin voz o, directamente, a verles esputar verdosidades por las cavidades bucales. En fin, para mi esa imagen es tan monstruosa como una película gore.

Precisamente, los estornudos, toses, mocos y congestiones de esta semana han sido causa de las primeras, porque afortunadamente, aquí nadie sufre los estragos de mi especie felina. Porque la verdad es que una de las preguntas que cae en las entrevistas de trabajo –por muy rara que parezca al pobre sufriente pretendiente del trabajo- es: ¿no tendrás alergia a los gatos? Es casi requisito imprescindible, casi tan importante como dominar el photoshop, el corel o demás armas para diseñar.

Las alergias a los animales, especialmente, a los gatos son menos evidentes al inicio, pero más peligrosas al final. Al principio –según me han descrito, pues evidentemente, yo no tengo alergia a los gatos, pues iría apañado-, todo empieza con un regusto extraño en la garganta. Poco a poco, la nariz empieza a picar y el moquillo a descender. Erupciones cutáneas, picores generalizados y respiración entrecortada. ¡Vaya panorama! Remedios para aliviarla: ¿Echar al gato de casa? ¡Eso nunca, muchachos! Hoy en día existen muchas posibilidades –sólo es cuestión de querer verlas- para evitar esta situación y sino, simplemente, no os acerquéis a los de mi especie.

Y estas dos son las alergias más habituales, pero también existe otra más desconocida, pero también bastante efectiva y esa sí, me afecta a mi: la alergia que sufrimos los gatos a determinados humanos. Sí, sí, ésta también existe e, incluso, está diagnosticada por la O.M.S.G. (la Organización Mundial de la Salud Gatuna). No es muy habitual, pero yo la he sufrido en alguna ocasión. Síntomas: el gato al ver a su agente patógeno sale corriendo, evita el contacto en la medida de lo posible –ya sea en forma de carantoñas o de palos-, y, sobre todo, el trato directo, pues el gato se puede revotar y maltrechar al patógeno ese. Remedios: huir de estos individuos ya sean maltratadores de animales o humanos huraños y malcarados. Eso sí, sobretodo, de los que huyo son de los alérgicos humanos para evitarles el daño y el mal trago, pero sobretodo para no ser insultado, como ocurre con algún amigo de Play –Play agencia-, ejem, por ejemplo, Daniel, que cada vez que llama pregunta por mi. Pero no creáis que lo hace con cariño. Siempre pregunta por el gato inmundo. Ese gato asqueroso que ronda por ahí. Si es que, al final, ¿entendéis porqué yo también tengo alergia a determinados humanos?

A todos mis queridos alérgicos, a ellos les dedico la entrada.

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato.

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viernes, 15 de mayo de 2009



Ya estamos de vuelta de Biocultura. Bueno, mejor dicho, ya están ellos de vuelta de Biocultura, porque aquí, el presente, no fue a pasearse por los stands, ni a probar las delicias ecológicas ni a que le abrieran el pericardio –si es que los gatos tenemos de eso.. Lástima porque a lo mejor hubiera vuelto con la energía y buen rollo de mis muchachos.

En general, mis chicos han comentado lo entretenido de visitar stand tras stand: aquí te ofrecemos el mejor detergente en forma de bola mágica, a continuación, firmas a favor de los animales abandonados y, un poco más adelante, te descubren una aspiradora ecológica… Eso sería ideal para la agencia y así recoger los pelos que suelto antes de que Alex me dejo sin uno.

Otros comentarios de la feria es que todo estaba muy bueno, esas butifarras, esas chistorras, esas hamburguesas. Aunque para buena, la mosca que me he tragado yo esta mañana. Yo solito la que cazado, yo solito me la he zampado. Supongo que nadie más habría querido compartirla conmigo. Y es que hacía tiempo que no sacaba mi instinto depredador. En cualquier caso, ni lo mío de hoy y ni lo vuestro del otro día, me parece muy vegetariano, pero claro, es que vegetariano no es igual a vegano ni a ecológico. Y no sólo la comida estaba muy buena, también sucedía lo mismo con algún quiropráctico que puso sus manos más de lo que debía en algún miembro del equipo Play y no diré de quién.

También hubo alguna queja generalizada: ¡Qué algunas cosas eran un poco caras! Pero no os preocupéis que aquí viene Efrén y os lo explica, que él tiene muy bien integrado ese discurso. Mucho más que yo, que al fin y al cabo, poco entiendo de dinero, de caro y barato. ¡Claro que voy a entender si soy un mantenido! Lo que sí que he entendido, después de oírlo varias veces, es que cada uno ha de recibir lo justo en relación a su trabajo. Pues ya puedo prepararme, porque llegará algún día en que me digan, búscate la vida y así podrás comprarte tu latita.

Pero lo que más ha sorprendido ha sido el ambiente general. Allí todo era paz y amor. La gente, en general, se mostraba con una sonrisa de oreja a oreja y se toqueteaban y abrazaban constantemente. Uy, pues yo creo que hay uno aquí que eso de los abrazos le habrá despertado una de sus peores pesadillas en forma de terapia de la risa. En fin, esto de achucharse entre los humanos es algo extraño. Hay quién lo necesita, hay quién lo repele y hay quién en su vida, ni se toca ni se dejan tocar –él se lo pierde. Yo, como en general, me gusta que me achuchen –y también me toqueteo a mi mismo de vez en cuando-, creo que hubiera disfrutado. Además, estoy seguro que hubiera sido el mayor espectáculo del stand. Ni camisetas, ni chapas, ni nada… El que hubiera triunfado habría sido el gato.

Pero como no hay que tener afán protagonista ni querer ser siempre el rey de la fiesta –en este caso de la feria- realmente fue mejor que me quedará en mi escondrijo. Así lo que de verdad se vieron fueron las camisetas y el proyecto. Y sobre todo el equipo que está detrás y que explicó una y otra vez que era eso de Play Attitude. Para ellos va mi entrada. Por lo que cada uno ha ido aportando que es mucho. ¡Suerte con ello!

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato.

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viernes, 8 de mayo de 2009


Apreciados lectores y blogueros,

Ante todo debo disculparme con vosotros por estar ausente demasiados días. No creáis que me he ido de vacaciones, simplemente, estaba entre consternado y vago. Si, vamos a ser sinceros, los gatos solemos ser bastante tranquilorros y las prisas no es algo que nos gusten demasiado. Por eso, estas semanas me lo he tomado todo con mucha calma. Además, es verdad, que también he sufrido consternación y preocupación. Consternación y preocupación por unos compañeros, que aunque de otra especie, forman parte de lo que los humanos llamáis animales: los cerdos.

Con todo esto de la gripe porcina, ahí estaban todos mis parientes animales con la preocupación al cuello, imaginando ya el peor de sus destinos: ser sacrificados por el bien de la humanidad. Total, como veis, de nuevo, los hombres echando las culpas a los animales. Ahora resulta que éramos –los animales- los causantes de la próxima pandemia mundial. Pasado el pánico inicial –avezado como siempre por los “positivos” medios de comunicación-, parece ser que no está tan claro el orígen de tan extraño virus. Si es que ya lo digo yo, no me extrañaría nada que detrás de toda esta situación, se escondiera la mano del hombre, que la tenéis muy larga. Y como además mi imaginación también es profusa, ya me veía venir una gripe gatuna, donde los felinos seríamos los transmisores de otra extraña enfermedad que convertiría a los humanos en fieros seres. Y cogerían a todos los gatos y los someterían a pruebas, los torturarían y, al final, nos aniquilarían. ¡Qué horror! ¡Creo que he visto demasiadas películas! Aclaración: Sí, películas también veo, desde que en Play pusieron una tele. Los fines de semana cuando esto está más solitario que un desierto de las películas del oeste, me estiro en el sofá y me dedico a ver una tras otra.

En fin, supongo que ahora habréis podido entender un poco más mi consternación y mi desidia. Pensaba yo: para que voy a escribir si total me quedan cuatro días mal contados. En esos momentos de agobio aquello de que siete vidas tiene un gato se me antojaba toda una utopía. Afortunadamente, todo pasa y lo que ayer era noticia de primera página hoy pasa a tercera y así hasta que nos olvidemos que existió. Y hoy con más motivo, que la primera página la ocupa otra de esas frivolidades humanas –y aquí sé que alguien me matará- que es el fútbol y que el Barça va directo a un anfiteatro romano a enfrentarse con los hooligans. En fin, de frivolidades también está hecho el hombre. No todo van a ser filosofadas como las de este gato.

Por cierto, aprovecho la oportunidad a quién me lea para deciros que nuevamente vuelvo a ser protagonista y no solo de este blog. Y es que lo tengo dicho, estos creativos tendrán mucha imaginación y capacidad, pero siempre recurren a mí. Ni derecho de imagen, ni pedir permiso, ni nada. Siempre acabo siendo el muso y la representación perfecta de la agencia. Así que si me queréis ver en cartón pluma estaré en la feria de Biocultura presentando la frescología. A ver si inoculamos ese virus positivo, no solo de palabra sino también de actos. Si queréis verme en foto pasaros por www.playattitude.com y veréis que bien poso. Y por último, si me queréis ver en carne y pelo negro, os espero directamente en Play. Estaría encantado de conocer a aquellos que me leen.

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato

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jueves, 23 de abril de 2009


Otro año más aquí está Sant Jordi, el día de fiesta que no es festivo, cosa rara en los humanos, vosotros que siempre buscáis escaquearos del trabajo. El caso es que no hace falta que os explique que sucede este día. Ya sabéis, en Catalunya, en los pueblos y ciudades se venden libros y rosas porque según cuenta la tradición, Sant Jordi mató al dragón y salvó a la princesa de cuento de hadas de las agarras de tan patán animal. Como suele ser habitual en mi, la historia y la tradición me parecen incongruentes, pero por una vez y que no cunda de ejemplo, no voy a criticarla, ni a los humanos por difundirla, porque realmente me gusta esta jornada. Todas esas rosas paseándose entre el asfalto y, sobre todo, esas palabras impresas en libros de todo tipo. ¡Cómo no me va a gustar a mí esta fiesta ahora que me he convertido en escritor, aunque sea de un blog! Ya me imagino yo firmando libros con la pluma entre la cola…. Pero volviendo a la realidad sin dejar de fantasear, hoy os voy a contar un cuento.

"Un cuento que protagonizó un gato negro -prometo que no era yo. El gato vivía con una anciana. Habían pasado años juntos y a la par les habían ido saliendo las canas. Señora y gato compartían su vida bajo un techo cochambroso y a medio derruir. Mil veces se habían quejado al propietario y mil veces éste les había ignorado. Señora y gato no comprendían porque sus peticiones para vivir con seguridad eran omitidas. Toda una vida entera trabajando para acabar en ese estado, pensaba la señora. No el gato, claro, porque ya se sabe que los gatos trabajar no es que trabajen demasiado.

El gato cansado de esa situación, decidió actuar y una noche estrellada reunió a todos sus congéneres en los tejados del barrio. En todos, excepto en el suyo porque era el más inseguro.

Debatieron, charlaron y decidieron cual era la mejor forma de subsanar dicha situación. Así la siguiente vez que el propietario vino a la vivienda exigiendo a la señora que se fuera, el gato convocó a sus compañeros que corrieron en su causa. Al llegar a la vivienda, los gatos rodearon al propietario en actitud amenazante mientras le maullaban exigiéndole respeto. El resto del vecindario al escuchar tal escándalo, salió a la calle y se enteró por voz de los gatos de la situación. Entre gatos y humanos lograron espantar al propietario y, no sólo eso, sino que le obligaron a solucionar los desperfectos del hogar de la anciana. Y aquella comunión entre gatos y humanos demostró una vez más que la unión hace la fuerza y que si hay que luchar, mejor hacerlo codo a codo o codo a pezuña".

Aunque el cuento tiene un final feliz, esta historia real aún está por ver como se solucionará.
Os quería haber escrito un cuento más bonito, más acorde con Sant Jordi, pero me he inspirado en un hecho real que ha sucedido esta semana en la calle de al lado. Un caso de mobbing inmobiliario, otra cosa más que os habéis inventando los humanos para joder a vuestro hermano –perdón por la expresión.

Pero hoy no quiero enfadarme porque hoy es un día de primavera de los que brilla el sol, un día de alegría y de muestras de afecto. Por eso os dejo este cuento. Para ver si alguien se anima y a cambio me regala una rosa o, al menos, un comentario.

Play, el gato.

PD: Desiree, espero con ansías tus faldas, pero de la pastilla, no quieero saber nada. ¡Gracias por tu mensaje! Ronroneé de gusto...

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viernes, 17 de abril de 2009


Ya estamos de vuelta de los cuatro días de las vacaciones de Semana Santa y debo confesaros que aunque he seguido reflexionando sobre el significado de dichas vacaciones aún sigo sin comprenderlo. Eso si, estos cuatro días han ido muy bien para desconectar de todo y de todos. Aunque me he quedado en mi guarida de siempre, eso no ha sido inconveniente. He descansado de ruidos, de presencias y de todo lo que conlleva la rutina laboral de mis muchachos. Y lo creáis o no, de vez en cuando, yo también necesito días y vacaciones como estas. Durante estos días, nadie me achucha en exceso. Nadie me molesta poniéndome cosas en la cabeza, que dicho sea de paso, porque no te las pones tú, querido Alex. Está bien que me pongas una mantita y me des la latita, pero de ahí a lo demás, hay una confianza excesiva.

El caso es que ya hemos vuelto con las historias de siempre, aunque nunca sean iguales. Y en ausencia de David y Desiree, aquí la gente ha hecho cambios y me tienen despistado. El sector web buscando la luz –no sé exactamente en que sentido- se han trasladado de mesas y yo ando desubicado. ¡Suerte que siempre cuento con mi falda refugio! Incluso, a pesar de estar sin encontrarme, he ayudado a Silvia a escribir cuentos. Es que yo tengo inspiración para dar y repartir. Y, en la medida de lo posible, he colaborado dando mi opinión en temas variados.

Los que parecen que si que tienen muchas opiniones y muy diversas son mis muchachos. Han vuelto al trabajo obsesionados con mi aspecto: una me dice que me ve gordo –será porque ahora comparte vida con un gato canijo y, claro, las comparaciones siempre son odiosas. Otra me dice que me ve viejo y poco ágil. Total, porque el otro día saltando, calculé mal y resbalé. ¡Oye, eso le pasa a todo el mundo! Eso sí, he de reconocer que era la mesita baja del sofá. Tal vez, si que sea verdad que estoy más gordo y más viejorro, pero sinceramente creo que todo es relativo. Yo, la verdad, me miro en el espejo y me veo como siempre. Gato negro de pelo brillante y ojos verdes. Si es cierto que me caen un poco las carnes, pero poca cosa. Al menos, David siempre me dice que yo no estoy gordo. Claro, me compara con su Don Vito y entonces yo soy grácil y jovial cual gatito jovencito.

Todo es relativo y, como decís los humanos, todo depende del punto de vista que lo mires. Es como el diseño. Hay a quien le gusta así y hay a quien le gusta asá. O como la escritura. Hay quien le añadiría una coma y hay quien se la quitaría. Las opiniones son diversas y eso a veces produce desconcierto, pero en el fondo, creo que eso es tremendamente bueno. Sería muy aburrido que sólo existiera un único pensamiento. En lo relativo y en la variedad está el encanto de las cosas. Y, precisamente, como todo es tan relativo, sinceramente acabo pensando que qué importancia tiene un diseño o una forma aquí o una coma de más. Lo único importante es sentirse satisfecho con lo que has hecho e, incluso, a veces, la satisfacción también depende de muchos factores. En fin, estoy relativizando en exceso. Relativizar es cosa de humanos, pero también de gatos.

Por cierto, dedicar unas líneas a David por ser el seguidor que a pesar de la distancia me sigue con más fidelidad. Olé, por ese mensaje desde Chile. Espero que estéis disfrutando y decirte que aunque me engañaron con la pastilla y me la comí con la latita, no fue por mucho tiempo. La acabé expulsando, pero prefiero omitir los detalles. Así que tú y yo aún tenemos una cuenta pendiente.

Próximamente, más y mejores ronroneos, que además será Sant Jordi.

Play, el gato.

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jueves, 9 de abril de 2009


Hoy es el último día antes de las vacaciones de Semana Santa y, ante tal hecho, me asaltan algunas dudas. ¿Semana? Bueno, los días que me voy a pasar solo, que que yo sepa, son cuatro, no una semana completa. ¿Santa? Aquí ya me pierdo por completo. ¿Una semana puede ser santa? Yo, desde mi ignorancia de los humanos, pero desde mi sapiencia gatuna, pensaba que santos/-as eran las personas, pero no una semana. O que como mucho, santo era el papá Noel o, también llamado, Santa Claus, personajillo de mi odiada Navidad.

Así que como tenía estas dudas, decidí investigar y preguntar porque se le llama Semana Santa a estos cuatro días de vacaciones. Y no creáis que me ha resultado fácil. Ha sido una tarea de paciencia, pero de esa yo tengo mucha. Una de mis principales fuentes de información sobre la actualidad es la prensa escrita. Y buscando algo sobre la Semana Santa, sólo he leído noticias de cómo la crisis afecta a las vacaciones –aunque que queréis que os diga, yo veo que la gente igualmente ha huido de la ciudad- y del tiempo que hará. Nada de porque se le llama “santa”. Después, en los periódicos encontré fotos de gente en las calles adorando a unas figuras de madera. Algunas realmente terribles, parecían humanos arrastrando una cruz, llorando y sufriendo. Y encima con gente debajo, ahora sí, humanos de verdad soportando el peso de tamañas figuras. Para mi, eso tampoco tiene nada de “santo”.

Como no encontraba nada que me clarificara tales incógnitas, me dirigí directamente a mis chicos y les pregunté. ¿Porqué se le llama semana santa? Y entonces me contaron una historia, que aunque bien explicada, sigo sin lograr entender. Algo así de un señor que vivió hace mucho años y que de tan bueno que era, había mucha gente que le quería, pero de tan bueno que eran, le mataron. ¡Cómo sois los humanos! Si era tan bueno, ¿porqué le matasteis? La historia no acaba ahí, este hombre debía tener algo de felino, porque después de morir, resucitó. Digo yo que sería porque tenía siete vidas como un gato. En fin, historias muy extrañas. El caso es que cada año, aunque lo que ocurrió fue muy trágico, se considera santo y, por eso, la gente hace vacaciones. ¿Alguien lo entiende? Para celebrar una muerte, se hacen vacaciones.

Total, que entre tanto santo sin explicación, yo decidí transformarme. Si se suponía que todo era santo estos días –un santo que yo no entendía-, yo sacaría la fiera que llevo dentro. Así compensaría tanta santidad-pensé yo. Y encontré mi momento oportuno y me transformé en bestia parda. Esta semana me tocaba la pastilla de la desparasitación y debo decir que odio que nadie me obligue a nada. Pero es que además, odio a los veterinarios, la medicación y el trasportín. Por eso, cuando David, mi viejo amigo –y digo viejo, no por edad, sino porque es uno de los que hace más tiempo que conozco- me cogió y me puso la pastilla en la boca, me transformé. Empecé a a retorcerme, a arañar sin pudor y a morder sin tregua. No hubo manera, cada vez que me metía la pastilla, la escupía. Tómatela tú- pensaba yo. Ni siquiera escondida tras un poco de jamón, consiguió colármela. ¿Quién os creéis que soy? ¿Un gato tonto? Parece mentira que no me conozcáis. Al final, con arañazo en la mano y mordisco en el brazo, David me dejó por imposible. Ahora, el resto de mis chicos tienen la misión de intentar metérmela en la latita de los viernes- esta semana del jueves. Se creen que no he oído su plan, pero no pienso claudicar. En tiempos de santidad, yo pienso dejarme llevar por mi ferocidad. Al menos, hasta que alguien me explique porque las vacaciones de cuatro días se llaman semana y, además, santa.

Pasada la Semana Santa -o semana de la fiera-, volveré con más y mejores ronroneos.

Mientras tanto a disfrutar de las vacaciones, especialmente, deseárselo a dos de mis seguidores preferidos: Desirée y David. ¡Nos vemos a la vuelta! Os esperaré con las uñas afiladas.

Palabra de Playete.

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viernes, 27 de marzo de 2009



Son días de revuelo en las calles, de enfrentamientos callejeros entre el poder vestido de uniforme y los rebeldes estudiantes. Son días donde los trabajadores se montan en asamblea para defender sus derechos y necesidades. Son jornadas extrañas donde la reivindicación esta a la orden del día. Y yo no voy a ser menos y hoy voy a dar voz a aquellos que no se pueden expresar más que con ladridos, maullidos o demás sonidos onomatopéyicos.

Esta semana me voy a poner serio, muy serio porque estoy cansado de tanta tontería y discriminación animal.

Os pongo en antecedentes: hace ya algún tiempo que se viene reivindicando para Barcelona un nuevo lugar de acogida para los animales abandonados. Son demasiados para tan poco espacio y determinadas condiciones. Ya de por si estos lugares no deberían existir, estamos de acuerdo, pero obviamente, son necesarios. Hay algunos que hemos tenido suerte, otros no tanta.

El caso es que la semana pasada, nuestros políticos (me río yo de este posesivo pues no querría tenerlo que utilizar según con quién) tenían que tomar una decisión, pero no hubo consenso –qué extraño. Y pararon el tema. Justificaciones para tomar esta decisión:

1. No hay dinero. Sí, lo sé, todo el mundo lo sabe, hay crisis, pero se gastan el dinero pasado en forums sin fundamento, en campañas actuales para remodelar la Diagonal o, en mil y una cosas futuras más, innecesarias completamente, pero y ¿para los animales? Algunos humanos se quejan de que se gaste dinero en esta causa, cuando curiosamente si hay animales en la calle es porque un día un humano –al cual no debería llamar así- decidió abandonarlo en la calle.

2. La ubicación. El lugar pensado, en los barrios altos, no era el adecuado. Al parecer estaba demasiado cerca de centros escolares y los animales del nuevo centro podrían acarrear enfermedades a los vecinos (sic). Jajaja, dejadme que me ría un rato de la inoperancia. ¿Demasiado cerca de centros escolares?. ¿Y esto no lo sabían ya nuestros políticos antes de trazar y presentar el plan? Jajaja, dejadme que me ría otro rato de la ignorancia. ¿Los animales transmitimos enfermedades? Eso se llama desconocimiento.

Todo esto me hace pensar que en muchas ocasiones no entiendo a los humanos. Creo que supuestamente los humanos os llamáis así porque tenéis una capacidad de raciocinio que os diferencia de los animales. Pero, perdonadme, a veces me parecéis más animales vosotros que nosotros, los propios perros o gatos. Nosotros, en general, somos nobles, no abandonamos, no perjudicamos, ni hacemos daño por hacer daño … Disculpad mi tono, pero es que estoy tremendamente enfadado y, eso es extraño en mi, yo que nunca paso de un mordisquito o de algún desaire bien dado.

Soluciones: de acuerdo que no hay demasiado dinero, pero estoy seguro que siempre se puede rascar de aquí o de allá y, si hace falta yo pongo mis uñas a favor de la causa para rascar y arañar de donde haga falta. Que el lugar no es el ideal, pues se buscan más sitios, pero estar en un lugar cercano a centros escolares puede ser un buen motivo para educar a los niños en el respeto hacía nosotros y crear mejores vínculos afectivos en las relaciones futuras entre humanos y animales. También me ofrezco para abanderar la causa demostrando que hay animales tremendamente humanos –que incluso escriben blogs. Pero sobretodo que no me digan que es porque transmitimos enfermedades porque lo único que nosotros transmitimos es compañía, alegría y ganas de llenarte la vida.

Por eso, maullo bien fuerte: ¡Centro de acogida de animales YA!

Palabra de Play.

PD: Para más información, aquí

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viernes, 20 de marzo de 2009


Esta semana pasada por primera vez en esta vida –que por cierto, he perdido la cuenta pues no sé si es la tercera o la cuarta-, he recibido una revista para mi solito.

Me explico: aquí en Play siempre se van recibiendo revistas y sobres para unos y para otros. Que si la revista Coupdefouet para los diseñadores por diseñarla; que si el IPMARK y el Brandlife y demás revistas del sector para la parte marketiniana y de comunicación; que si la revista Intermón y la de Veterinarios sin fronteras por ser clientes, en definitiva, todos mis muchachos, en un momento u otro, reciben correspondencia. Bueno, y luego están las famosas cajas que recibe Alex. Siempre son una permanente sorpresa: que si ahora un bolso, que si unas zapatillas molonas, que si ahora otro bolso. En fin, que yo observaba como todo el mundo recibía, pero aquí como yo soy gato, pues me quedaba con las ganas. Hasta ahora.

Gracias a Alex y sus constantes búsquedas de información, la semana pasada llegó una revista dedicada exclusivamente para mí: El gato en casa. ¡Qué alegría! Primero, por recibir algo y, segundo, por saber que hay gente que se dedica a la noble tarea de escribir artículos sobre los felinos con títulos tan sugerentes como “La caspa”, “¿Mi gato vomita o regurgita?” o, el mejor de todos, “La cola del semental” –y no penséis mal, guarretes, se trata de un problema de exceso de grasa en la cola que además de problemas estéticos, puede derivar en problemas de salud. Vamos, cosas que muy adecuadas para mi, porque no vamos a engañarnos, los humanos sois interesantes por vuestros comportamientos y personalidades, pero yo soy gato y también necesito saber de los de mi especie.

En fin, estaba yo tan emocionado con el sobre entre mis manos, que sin pensarlo lo arañé hasta que pude sacar el ejemplar. Y nada más mirar la portada: uy, que susto me llevé. Se me erizaron los pelos y las pupilas se me dilataron. Un maullido de susto salió de mi garganta. ¿Qué era aquello que salía en portada? ¿Un gato o un extraterrestre? Lancé la revista al suelo y Francesc y Alex la recogieron y empezaron a leer el artículo. Así me enteré que aquello que aparecía en la portada era uno de mi especie, eso sí, de una raza muy rara llamada Sphynx, que fue creada genéticamente. Algo así como un frankenstein gatuno. Lo puedo imaginar, unos veterinarios perversos, un aristócrata rico con ínfulas de pasar a la historia y unos engendros de gato que dieron como resultado esa cosa. Con todos mis respetos, si eso es un gato, yo me planto y quiero pertenecer a otra especie.

Cuando superé el susto inicial, leí la revista de cabo a rabo. Temas francamente muy interesantes. Lo que más me gustó fue el artículo dedicado a los gatos como fuente de inspiración para muchos escritores a lo largo de la historia. Ah, pero se han dejado lo más importante ¿y los gatos que escribimos por si solos? Nosotros buscamos las musas en los humanos y, tal vez, seamos pocos, pero bien organizados. Voy a escribir una carta a esta revista, proponiéndoles que me hagan una entrevista personal o, al menos, que me saquen en el apartado del gato del mes.

Por cierto, pensando en ese tema de la especie Sphynx, si los científicos fueron capaces de crear una raza de este tipo, tampoco sería difícil crear una raza de Playetes. Estoy segura que más de una estaría contenta de tener un playete en casa. Es que produzco un efecto hipnótico, denominado síndrome de yo quiero un gato en mi vida como Play… pero eso ya es otro tema.

En cualquier caso es curioso ver que esto de la observación entre humanos y gatos es mútua. Yo os escudriño en este blog y vosotros hacéis lo propio en revistas como esta. Es que humanos y gatos siempre hemos tenido relaciones complejas.

Espero con ansiedad el próximo número de la revista…

Próximamente, más y mejores ronroneos.
Play, el gato.

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jueves, 12 de marzo de 2009



A los gatos nos gusta la independencia y nos deleitamos con la libertad. No hay nada mejor que hacer lo que nos plazca a cada momento. Sin embargo, los humanos soléis ser más dependientes y menos libres. Y por eso, cuando los humanos tenéis la oportunidad de ser libres por completo, os perdéis. Sí, sí, tal como lo digo, cuánta más libertad, menos sabéis qué hacer o como actuar. Supongo que estáis tan habituados a seguir unas normas y unas reglas, que las posibilidades infinitas os llegan a provocar un colapso total y, por consiguiente, un cortocircuito mental. Se demuestra nuevamente que los humanos sois contradictorios, pero eso ya lo sabemos los felinos, los perros y cualquier tipo de animal de compañía. De hecho, los sabéis hasta vosotros.

Un ejemplo claro de la contradicción humana frente a la libertad la he experimentado en Play los últimos días. Normalmente, cuando en la agencia se inicia un proyecto nuevo, en muchas ocasiones, por no decir, casi todas, mis chicos se quejan de los briefings muy abiertos o muy restrictivos, del poco riesgo que algunos clientes toman, del tono excesivamente formal de algunas campañas, de que el material fotográfico o las imágenes no son de calidad, de que esto y de que lo otro. En fin, lo que estáis pensando que, a veces, mis chicos son un poco quejicas, pero también debéis entenderles. A veces es complicado saber lo que un cliente quiere, cuando nadie, ni tan solo el cliente está muy seguro.

La cuestión viene cuando el cliente es uno mismo y la libertad es total y máxima. En su afán de ir renovándose y cambiar, aquí en Play han vuelto a hablar sobre aquella cosa rara llamada frescología. Y ahí llegamos a su punto débil: cuando se trata de trabajar para uno mismo, el listón se sube aún más –si eso es posible- y mis chicos se exigen más imaginación, más creatividad y más de todo. Y de exigirse tanto y ante el mar de posibilidades que ofrece la libertad, no saben como enfocar el tema. Y ahí está la frescología a medio hacer, con algunas ideas muy claras, pero otras aún en fase de desarrollo. Y encima, sólo falto yo paseándome por las mesas y distrayendo al personal cuando la concentración es total.

Así que lo que puedo deciros es que no desesperéis, ni os quejéis, ni os amarguéis. Si no sale hoy, ya saldrá mañana. Yo confío en vosotros y estoy seguro que la frescología acabará siendo uno de vuestros grandes proyectos. Tomároslo como un reto. Como yo me tomé lo de este blog, al cual voy sumando entradas según la inspiración. Venga, muchachos, mucho ánimo que aquí tenéis la oportunidad de alcanzar la verdadera libertad a través de la creatividad. ¿A qué suena bien?

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato.

PD: Por cierto, agradeceros a todos que la caja de pesadillas erótico-nocturnas haya sido repartida. Quiero que sepáis que duermo mucho mejor y ya no me desvelo a medianoche imaginándome, como decía David, a Francesc en tanga o a Alex con leotardos.

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jueves, 26 de febrero de 2009


Hay semanas en que esto es una vorágine no sólo de trabajo, sino de emociones. Y esto ha ocurrido en los últimos días. Tanta vorágine de sensaciones que este gato ha sido incapaz de centrarse a escribir. Unos se han alegrado y otros se han emocionado. Otros han llorado mientras algunos se han cabreado e, incluso, hemos estado a punto de tener a la primera diseñadora tuerta de la historia –Marta, prometo que algún día te escribiré un cuento contigo de protagonista. Pero, lo mejor ha sido el regalo de un cliente que hemos recibido, como si de unos reyes magos con retraso se tratara.

Yo lo bautizaría como un acontecimiento fuera de lo común y que ha dado grandes momentos aquí en Play y es que cada día no recibimos un regalo y, menos cuando de ropa interior se trata, ya sea para princesas de hoy en día o para hombres “debandera”. El caso es que recibir un regalo así, supone en determinada manera desnudarse ante los demás. Tranquilitos, hablo metafóricamente, que por mucho cariño que les tenga a mis muchachos, verlos en paños menores no es que me haga especial ilusión. Digo lo de desnudarse, porque fue llegar la caja y algunos tirarse encima -especialmente mis chicas, para que vamos a engañarnos- a desvelar el contenido de la caja. Y ahí llegaron las conversaciones típicas de mercadillo: ¡Yo gasto una 95!, decía una. No, no, eso no puede ser. Una 95 la gasto yo, tú debes tener una 90, contestaba otra. Mira, guapa, no voy a saber yo lo que utilizo, le replicaba. No, no, es que yo tengo mucha espalda o es que si yo tengo el pecho así o asá. O que si yo uso braguitas de esta forma y tú de la otra… En fin, paparruchas, ¿Porqué tendré que haber escuchado yo todas esas cosas? No veis que yo soy un gato con la mente inocente y oír hablar de tetas, culos y demás, me provoca un efecto hipnótico y, luego, me paso la noche soñando con esas cosas, cual adolescente humano. Y yo no quiero eso, que soy gato y no humano.

El problema es que mis sueños paranoicos- eróticos-humanos me siguen persiguiendo y la culpa la tiene que esta maldita caja de regalos sigue aquí tal cual. Y mientras sigo sentado en las faldas de Silvia, la puedo ver perfectamente y volverme a acordar de aquellas conversaciones y de esos temas que un gato como yo no debería oír. ¡Por Dios, por Buda o por Alá, o por lo que queráis, pero por favor, repartir ya esta caja de visiones y terrores nocturnos! Un gato debe soñar con lindas o lindos gatitos o con sabrosas latitas y no con la ropa interior de los humanos. Y, ahí sigue estando, imponente ante mí, como una caja de pandora a punto de abrirse y salir bragas, calzones y sujetadores a perseguirme ¡NOOOOOOOOOO!

Muchachos, os aviso, si esta caja no se reparte en breve, todo su contenido me lo quedaré yo y lo revenderé al mejor postor.
Palabra de Playete.

Próximamente, más húmedos ronroneos.

Posted by Publicado por Play en 9:10
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