jueves, 26 de febrero de 2009


Hay semanas en que esto es una vorágine no sólo de trabajo, sino de emociones. Y esto ha ocurrido en los últimos días. Tanta vorágine de sensaciones que este gato ha sido incapaz de centrarse a escribir. Unos se han alegrado y otros se han emocionado. Otros han llorado mientras algunos se han cabreado e, incluso, hemos estado a punto de tener a la primera diseñadora tuerta de la historia –Marta, prometo que algún día te escribiré un cuento contigo de protagonista. Pero, lo mejor ha sido el regalo de un cliente que hemos recibido, como si de unos reyes magos con retraso se tratara.

Yo lo bautizaría como un acontecimiento fuera de lo común y que ha dado grandes momentos aquí en Play y es que cada día no recibimos un regalo y, menos cuando de ropa interior se trata, ya sea para princesas de hoy en día o para hombres “debandera”. El caso es que recibir un regalo así, supone en determinada manera desnudarse ante los demás. Tranquilitos, hablo metafóricamente, que por mucho cariño que les tenga a mis muchachos, verlos en paños menores no es que me haga especial ilusión. Digo lo de desnudarse, porque fue llegar la caja y algunos tirarse encima -especialmente mis chicas, para que vamos a engañarnos- a desvelar el contenido de la caja. Y ahí llegaron las conversaciones típicas de mercadillo: ¡Yo gasto una 95!, decía una. No, no, eso no puede ser. Una 95 la gasto yo, tú debes tener una 90, contestaba otra. Mira, guapa, no voy a saber yo lo que utilizo, le replicaba. No, no, es que yo tengo mucha espalda o es que si yo tengo el pecho así o asá. O que si yo uso braguitas de esta forma y tú de la otra… En fin, paparruchas, ¿Porqué tendré que haber escuchado yo todas esas cosas? No veis que yo soy un gato con la mente inocente y oír hablar de tetas, culos y demás, me provoca un efecto hipnótico y, luego, me paso la noche soñando con esas cosas, cual adolescente humano. Y yo no quiero eso, que soy gato y no humano.

El problema es que mis sueños paranoicos- eróticos-humanos me siguen persiguiendo y la culpa la tiene que esta maldita caja de regalos sigue aquí tal cual. Y mientras sigo sentado en las faldas de Silvia, la puedo ver perfectamente y volverme a acordar de aquellas conversaciones y de esos temas que un gato como yo no debería oír. ¡Por Dios, por Buda o por Alá, o por lo que queráis, pero por favor, repartir ya esta caja de visiones y terrores nocturnos! Un gato debe soñar con lindas o lindos gatitos o con sabrosas latitas y no con la ropa interior de los humanos. Y, ahí sigue estando, imponente ante mí, como una caja de pandora a punto de abrirse y salir bragas, calzones y sujetadores a perseguirme ¡NOOOOOOOOOO!

Muchachos, os aviso, si esta caja no se reparte en breve, todo su contenido me lo quedaré yo y lo revenderé al mejor postor.
Palabra de Playete.

Próximamente, más húmedos ronroneos.

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miércoles, 11 de febrero de 2009


Apreciados lectores y blogueros:

Por fin ha llegado el momento de que os explique y que hablemos de uno de mis grandes vicios. Después de ya varias semanas leyéndome en el blog, creo queridos lectores, que hemos llegado a un punto de confianza y privacidad que me permite explicaros algo un tanto peculiar y esos son mis pequeños vicios. Cuando os diga cual es el principal entenderéis que no lo haya dicho antes, pues mi imagen pública y felina hubiera caído por los suelos.

Como buen gato, tengo vicios normales, ya sea dormir todo el día, aunque eso no sólo es un vicio felino, ¿verdad humanos?Como buen gato tengo el vicio de olisquearlo todo, pero eso más que un vicio es una necesidad. Y como buen gato, tengo el vicio de arañar, aunque eso suele ser bastante habitual entre los de mi calaña. Sin embargo, tengo otro vicio muy extraño.

Sí, os lo tengo que confesar, soy adicto, adicto a algo muy poco usual. Soy adicto a las tiras de pegamento de los sobres. Algo os había ido diciendo, pero hoy miércoles 11 de Febrero, os lo tengo que confesar. Me va el pegamento. Sí, ya sé que no soy muy buen ejemplo para vuestros hijos –si es que los tenéis- ni muy buen ejemplo ciudadano, en general, pero a decir verdad, nada me puede más que una buena tira de pegamento. Ni manta, ni carantoñas, ni pereza, ni sueño. Es oír que una mano despega una tira de cualquier tipo de sobre, cuando el tiempo se detiene y, mis ojos y mi olfato no pueden ver ni percibir otra cosa más en el universo Play. Por unos instantes, me quedo hipnotizado observando ese manjar para mi paladar. Y, a continuación, mientras se desliza del sobre, allá voy, lanzándome en picado sobre esa maravillosa tira. Os advierto que como la coja, no la suelto. Ya os podéis poner como queráis que la tira es mía y sólo mía. Y pobre de la mano amiga o enemiga que intente algo, que recibe zarpazo seguro y sino un buen mordisco.

Y es que las tiras me da un subidón. Las pupilas se me dilatan y empiezo a moverme sin ton ni son. Corriendo de arriba abajo, de abajo a arriba. ¡Uf, qué sensación más increíble!Así qué que queréis que os diga. Este gato está curado de espanto y, por eso, considera que es normal que los humanos también tengáis vicios. ¡Qué aburrida sería la vida sin vicios! Incluso, para los gatos.

Todo esto os lo cuento porque estos días atrás, un famoso deportista ha tenido que entonar públicamente un mea culpa por tomar ciertas sustancias. De acuerdo que ahora tampoco él no es el mejor ejemplo para nadie, ¿Pero quién se atreve a tirar la primera piedra, cuando todo el mundo esconde vicios?¡ Si hasta los gatos los tenemos! Y lo que aún me produce mayor indignación gatuna, es que el país que hace entonar este mea culpa es aquel donde la doble moral es la protagonista y que bajo la aparente perfección esconde lo peor. ¿Adivináis que país es?

En cualquier caso, y evidentemente, no voy a hacer una apología de los vicios, las drogas y demás. Por mi, si es con responsabilidad, que cada cual haga lo que quiera. Eso si, a mi no me toquéis las tiras. Mis tiras son sagradas. ¡Advertidos estáis!

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato.

Posted by Publicado por Play en 10:08
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viernes, 30 de enero de 2009


Apreciados blogueros y lectores,

Las casualidades han hecho que esta semana el viento haya sido protagonista de nuestras vidas tanto fuera como dentro de la oficina. Lo que son las cosas: el fin de semana un tremendo vendaval azotaba la ciudad, mientras en Play, mis muchachos han tenido que estudiar, diseñar y redactar las ventajas y beneplácitos de la energía eólica. Para que luego digan que no existen las coincidencias. La cuestión es que las fuerzas de la naturaleza son incontrolables e inesperadas un poco como somos los felinos. Si nos da por arañar, no hay persona humana, que nos controle y, además, inesperadamente te podemos morder cuando menos te lo esperas. Así es la naturaleza, poderosa, y así somos los gatos, independientes y felinos.

Existen algunas ciencias que intentan estudiar, determinar y explicar los fenómenos de la naturaleza, incluidos a lo gatos, pero es que hay cosas que no tienen explicación. Los humanos sentís afán por entenderlo todo, por explicarlo todo y, en ese afán, esta semana he leído –sí, sí, yo soy un gato muy leído y lector –una noticia que decía que la amistad es algo científico. Dicen que si alguien te cae bien y le llegas a llamar amigo es porque se crean unas conexiones genéticas. ¡Paparruchas! Qué manía tenéis los humanos de pasarlo todo por reglas y números matemáticos. No me creo que los amigos se escojan por los genes. Los amigos se escogen por otra razones: por afinidad o por oposición, por física o por química, pero nunca por genética. Repito: ¡Paparruchas! Hay cosas que no se pueden explicar, suceden y ya está.

A mi como gato me pasa lo mismo, hay con quién me llevo mejor y con quién me llevo peor y eso seguro que no será por genética, pues la vuestra y la mía no tienen nada que ver. Para mi, mis amigos humanos son aquellos que me miman, que me cuidan, que me sonríen, que me entienden cuando estoy huraño y ofuscado, que me dejan moverme en libertad e, incluso, a veces, arañar. Bueno, en el fondo, lo que busco en mis amigos es lo mismo que vosotros. Claro, excepto, lo de arañar. ¡Vamos eso espero! Porque como tengáis algún humano amigo que arañe, o sois masoquistas o decídmelo, porque eso si que es digno de ser estudiado.

Luego están aquellas personas con las que no sintonizas y punto. Personas sobre las cuales nunca me sentaría, personas a las que maullaría siempre, personas a las que rehuiría y personas de las que no aceptaría carantoñas. Y, eso seguro que no es genética. La amistad como tantas otras cosas no se puede forzar ni domar, ni exigir ni pedir.

Y es que la amistad, como las fuerzas de la naturaleza y yo mismo, la mayoría de las veces es incontrolable, incomprensible e imprevisible e, incluso, fruto de la casualidad. Para que luego digan que no existen las coincidencias…

Próximamente, más y mejores ronroneos.

Play, el gato.

Posted by Publicado por Play en 6:04
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